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lunes 11 de julio de 2011

Siglo XX de Humberto Mello

De aquí de mi cuerpo
veo el siglo XX
pasar como un tractor
sobre los músculos de la tierra
veo la devastación
el intenso crepitar de hambres
de guerras y violencias
donde una orquídea nace
pero no lo es todavía
la planta de la esperanza
sobre estos músculos
habitan millones de personas
que comen beben aman y mueren
sin que yo me dé cuenta de ellas
todas me son extrañas para siempre
y todavía a mí conectadas
por el DNA de la especie
todas iguales y desiguales
todas dotadas de consciencia
animales conscientes de sus limitaciones
de aquí de mi cuerpo
veo la raza humana
faltar en el vigésimo siglo
de la era cristiana.

domingo 10 de julio de 2011

El caballero con la mano en el pecho de Manuel Machado

Este desconocido es un cristiano
de serio porte y negra vestidura,
donde brilla no más la empuñadura,
de su admirable estoque toledano.

Severa faz de palidez de lirio
surge de la golilla escarolada,
por la luz interior, iluminada,
de un macilento y religioso cirio.

Aunque sólo de Dios temores sabe,
porque el vitando hervor no le apasione
del mundano placer perecedero,

en un gesto piadoso, y noble, y grave,
la mano abierta sobre el pecho pone,
como una disciplina, el caballero.

sábado 9 de julio de 2011

Una sola puerta de Manolillo Chinato

Una sola puerta
de tres, abierta.
Una sola puerta.
Enfrente, la montaña.
Pasa la nube inmensa
toda suya, todo suyo.
Huracanes de vientos,
lluvia andante semiparalela
y en todo el monte
funerales alegres naturales
de hojas muertas.
Los cabellos terráqueos
danzan todos iguales
al son de trompetas invisibles
que vienen de los mares.
Llegó el otoño,
llegó la muerte
mas no para todos.
Hoy morirán hojas y animales
mas no morirán para siempre.
Son ciclos de las estaciones naturales
y en su transformación de mañana
darán con más calor,
a la tierra de su muerte,
pasado mañana, brotes de esperanza.
Y yo no he muerto.
Me alegro de la lluvia y me alegro del viento.
Si tengo frío me caliento.
Si tengo miedo, que no lo tengo,
susurro y pienso. Y para mañana
ya me he comido mi pequeña ración de esperanza.
Una sola puerta
de tres, abierta.
Una sola puerta, inmensa.